Ya llevamos dos meses de colegio y comienzan los cambios, ya no veo a
aquellas que fueron mis amigas, ya no me duele, es una herida cerrada. Duele
cuando viene tu hijo de cinco años diciendo: “fulanito no me deja jugar”, o
cuando llegan los cumpleaños y niños que otros años le han invitado este año no
le invitan. ¿Y qué le digo yo a mi hijo? Ya viene, no lo puedo contener, es
como si me subiese una cosa por el estomago hacia la cabeza y saliese por los
ojos, como las fotos de los chistes en el que los ojos explotan, soy yo, no es
un chiste, ¡respira!
No lo puedo soportar, me quema, estoy cansada de callarme de escuchar
 frases hechas que solo te llaman imbécil a la cara: “¿Pero cuántos años
llevas en Cataluña?” “¿Y tu cuando vas a Inglaterra no te molestan que te
hablen en inglés?”.  “¿No quieres que estudien catalán?, pues llévalos a
un colegio privado.” Esta última frase te lo dicen con una soberbia y una
satisfacción, que da asco.
La mejor fue este verano de vacaciones: “El día que  mis hijos
puedan estudiar catalán en Madrid, ese día, no me importara que se estudie
español en Cataluña”  ¿Español? ¡Castellano cojones! Ya sé que no se puede
generalizar, pero opino que es por venganza, mucha de esta gente dice que ha
tenido que estudiar en castellano, sin saber ni hablarlo, y ahora pues pagamos
los de fuera con este resentimiento. Creo que en eso también están equivocados,
pero no puedo dedicarme a discutir con todo el mundo.
“¿Qué pasa si dices debería cada padre poder elegir en qué idioma
estudia su hijo? En lugar de dos clases A y B, clasificada por apellido que sea
por la lengua en la que quiera estudiar”. “Es que si se hace eso se pierde la
cultura”, ¿la cultura de quién? Está muy bien dedicar un par de horas a la
semana a la cultura catalana, pero no todas las asignaturas.
Sinceramente, estoy de esta REGIÓN (me relaja ponerlo con mayúsculas)
hasta los mismísimos, siento un asco profundo y un odio que no puedo soportar
porque mis hijos aprendan nada de esta cultura paleta y vengativa .Y no puedo
hacer nada, manos atadas. ¿Vosotros iríais a un juzgado a pedir que vuestros
hijos estudien en castellano?  Imposible. Que yo sólo dije abiertamente
que estaba en contra de la independencia y proteste cuando me entere que los
estrenos del cine no sólo se traducen al catalán, si no que es más barato el
cine en esa sesión, ¡vergonzoso con esta crisis! Y he pasado un año, de
mentiras sobre mí, que prefiero ni recordar.
Me parece imperdonable que este gobierno deje en pelotas a mucha gente
como yo a cambio de poder, que creo que es lo que ha pasado. Ahora mismo me
encuentro en un punto en el que estoy metida en todas las actividades del
colegio para controlar desde dentro, es curioso que la gente más
independentista sean hijos de padres no catalanes. Ahora he encontrado dos
amigas que parece que se han apiadado de mí, no son catalanas y me han arropado
un poco, pero en silencio y casi a escondidas. Algo es algo, aunque sea en
silencio.