No sé cuando se habrá producido esa gran noticia. Quizás haya sido después de uno de esos consejos de ministros en que nos atracan a mano armada y quizás yo no me haya enterado. Es probable que haya sido después de uno en que se hayan producido tantos sablazos que la noticia haya quedado solapada con el resto. Pero la decisión de supeditar la libertad de expresión a cualquier forma de respeto, tanto de palabra como de obra, es lo suficientemente importante como para que no hubiera pasado desapercibida. O quizás ocurra otra cosa, quizás sea que esa noticia no se haya producido nunca y por eso yo no me percatado de ello.

Quizás lo que haya pasado es que una gran parte de la población española no merece ser respetada por la otra, mucho menos numerosa, por cierto. Parece que lo que unos pueden hacer no lo podemos hacer otros. Parece, también, que el respeto que se les debe tener a unos no se le debe tener a los otros. Puede que sea lo de siempre, puede que sea que una vez más la ley no es igual para todos, que unos estamos por debajo de la ley y otros completamente por encima. Sobre todo en función a su capacidad de poder mediático, poder que evidentemente otros no tenemos.

Ahora nos acabamos de enterar que hacer chistes con víctimas de atentados, de violaciones, de secuestros y de asesinatos no es punible. También nos acabamos de enterar que ofender a una importante parte de la población española por su ideología o creencias religiosas es totalmente legal y también plausible. Pues entonces, ¿cómo sería esto? ¿Ahora se abriría la veda? ¿Ahora podríamos hacer los demás lo mismo con ellos, o quizás no? ¿Qué tendríamos que hacer? Entiendo que en defensa propia, que los ofendidos, podríamos hacer chistes con el físico de Zapata, por ejemplo, se me ocurren muchos. O podríamos atacar la ideología y creencias de Rita Maestre persiguiéndola por la calle o yendo a su despacho. ¿O quizás no? Es casi seguro que si a alguno de nosotros se nos ocurriera hacer lo mismo fuéramos castigados, porque a los que no somos nadie si se nos aplicaría la ley con rigor.

Pero que no se preocupen ni Zapata ni Rita Maestre, ni nos vamos a reír nunca de su físico, ni tampoco vamos a intentar amedrentarles por su ideología o pensamiento. Por una razón muy evidente, nosotros no somos comunistas y respetamos la libertad de pensamiento. Pero hay una razón que está por encima de la anterior, nosotros tenemos una educación que ellos no tienen, ni tendrán nunca por muy altos cargos que ocupen y por mucho que ganen ellos o popó y momó.