A pesar de que muchas veces pensemos que las tonterías en las que nos entretenemos en España se producen solo aquí, parece que no somos únicos. Parece como si ese fuera un mal generalizado en todo el mundo, lo cual no se sabe si tranquiliza o preocupa aún más. Hemos vivido una semana convulsa a nivel internacional debido a las elecciones presidenciales en los Estados Unidos que, contra todo pronóstico, han tenido un claro vencedor en la figura de Donald Trump. Es cierto, para todos ha sido una gran sorpresa pero, como en el fútbol, los partidos los juegan once contra once y todos los partidos comienzan con un empate. Las sorpresas existen.
Lo que me ha sorprendido mucho han sido las protestas sucedidas en Estados Unidos como consecuencia del resultado electoral. Viéndolo por televisión pareciera que fuera una noticia producida en España, con PSOE, Podemos, separatistas y proetarras como protagonistas. A todos se nos llena la boca con la democracia, la decisión de las urnas y del pueblo, pero cuando esa decisión no gusta, son muchos demócratas los que salen a la calle a protestar y quejarse. ¿En qué quedamos?
Que Clinton fuera la candidata del sistema y Sánchez e Iglesias, los candidatos de los partidos del “progreso”, no debería tener nada que ver para aceptar unos resultados como es debido, de una forma democrática. Es posible que el problema, aunque parezca nuevo, sea más antiguo de lo que nosotros pensamos; el no saber perder y más cuando se parte como favorito. Viendo todo esto parece como si hubiéramos vuelto a los partidos del colegio en los que si perdía el equipo del dueño del balón, este lo cogía enfadado y se iba, dando así fin a la diversión.
Nadie tiene la victoria en nada de antemano, ni en unas elecciones, ni en el deporte, ni en nada en la vida. Ver a gente reaccionando así y pensar que no han recibido la educación adecuada en sus casas es la única conclusión lógica a la que se puede llegar. Ha ganado Trump, en España ha ganado Rajoy y por la pinta que tiene todo esto, no dejaremos de asistir a resultados electorales inesperados, o no deseados por la mayoría, en los próximos años y a nivel mundial. Cuando se trata de hablar de democracia, de urnas, de pueblo y de sus decisiones, quizás habría que abrir un poco más el cerebro y cerrar un poco más la boca.
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