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Editorial @Eldiestro_

Si bien todo es del color con el cristal con que se mira, para quienes optan por la igualdad sobre la libertad resulta evidente que Fidel Castro es un salvador. Un faro a seguir. Así lo ha sido para otros dictadores latinoamericanos, como por ejemplo un Hugo Chávez que lo tomó como modelo, guía espiritual y haz de luz. Pero para quienes amamos la libertad por encima de la igualdad es evidente que Fidel Castro no deja de ser un tirano que sometió a su pueblo, encarceló y mandó ejecutar a todo aquel que se interpusiera en su camino. Ambos, Chávez y Fidel tienen algo en común. Los balseros que huyendo de la tiranía lo tuvieron que dejar todo atrás a riesgo de sus vidas. Piensen en el drama personal de lo que significa dejar atrás con lo puesto tu casa, tu familia y tus raíces. Hiela el corazón imaginar una de las decisiones fruto de la desesperación que puede tomar un ser humano. Solo acontecimientos terribles pueden marcar la diferencia que impulsen a una persona a tomar semejante decisión. Piensen de nuevo en ello. Además del riesgo añadido de las posibles represalias que pueden ser llevadas a cabo hacia los que dejas atrás, hacia los seres queridos cuya situación puede pasar de mala a peor. Su régimen totalitario puso al mundo hace medio siglo al borde de la destrucción nuclear, cuando se le ocurrió la brillante idea de amenazar a los EE. UU. con misiles rusos nucleares.

No es día para brindar por la muerte de nadie, como tampoco es día para brindar por la muerte de Fidel Castro. Cualquier ser humano merece un minuto de silencio, a menos que se sea un verdadero salvaje incivilizado que obvia las más elementales normas de civilización. Y me refiero a esas normas que no están escritas en ningún tratado pero que todos convenimos. Esas normas en las que todos estamos de acuerdo por pura convicción.

¿Qué puede ocurrir ahora con Cuba?

Ya lo comentamos en este periódico. Cuando muere un dictador puede ocurrir que su dictadura pase por herencia a otro dictador. Siendo que él ha muerto con 90 años y su hermano Raúl, quien heredó el poder tiene ahora 86. El primer paso por herencia del régimen totalitario ya se ha dado. Ahora puede ocurrir que esa herencia la recoja otro familiar de los castro, o lo haga cualquier oportunista dispuesto a hacerse con ese poder absoluto. Piensen cómo en el caso de Corea del Norte el poder ha pasado de padres a hijos. Al haberse distribuido por América Latina los principios castristas, es posible un verdadero choque de trenes entre la democracia y el castrismo.

La segunda posibilidad que puede darse al morir un dictador es que su régimen se descomponga en oligarquías de poder. Entonces las familias dominantes se repartirán el poder y a él acudirán nuevos oportunistas recién llegados. Es evidente que esta opción no aportaría una democracia, aunque sí les podría traer un sucedáneo de democracia. Ese fue precisamente el caso de España cuando la descompusieron en Comunidades Autónomas y en cada una de ellas heredaron el poder del dictador las familias dominantes. Piensen en los Pujoles, etc., por mencionar alguna de ellas.

La tercera posibilidad es que surja de alguna manera un periodo libre constituyente y acontezca una verdadera democracia formal a partir de unas elecciones libres desde el origen (el pueblo). Desgraciadamente, esta opción es la menos probable. Se necesitaría una verdadera carga de altruismo, solidaridad y verdadero patriotismo, por parte de las familias dominantes, como ocurrió en el extraño y único caso de EE. UU. cuando los Padres Fundadores victoriosos de una guerra escribieron una verdadera Constitución, vieron que no funcionaba y entonces redactaron una segunda; que es la que ha pervivido hasta ahora. Esa constitución no presenta abstracciones sino que es un verdadero reglamento dirigido solo a garantizar la separación y enfrentamiento entre los poderes.

Será curioso ver qué ocurre ahora con Cuba, pues gran parte de la disidencia ya ha aprendido qué significa la democracia de verdad por su experiencia como ciudadanos de EE. UU. Incluso deben tener localizados los fallos que el inevitable banco de pruebas de la historia ha sacado a la luz, y por lo tanto esos fallos pueden corregirse. Por lo tanto, es posible que no solo los cubanos disidentes americanos quieran ampliar sus negocios a la madre patria, sino un sistema parecido al useño incluso mejorado. Si prevalece lo que ha habido hasta ahora, ocurrirá lo mismo que en Corea (herencia) o que en España (oligarquías dominantes). Si gana la democracia cambiará el mundo en un verdadero efecto dominó. Esperemos, por el bien de todos y de nuestros hermanos cubanos, que lleguen a la democracia de verdad; la formal. Evidentemente, hay tiempo. Todavía prevalecerá la herencia castrista hasta que fallezca el hermano de Fidel, Raúl y el castrismo seguirá su andadura. Se prevé un verdadero choque de trenes ya que el castrismo no es monopolio de Cuba sino que está extendido por latinoamerica. Una latinoamérica que no querrán desde sus dictaduras perder su símbolo cubano. Por otro lado, estarán quienes se inclinen por la democracia y esos están en EE. UU. y otras partes del mundo Occidental.