Jefferson

“Yo mismo estoy convencido de que el mejor ejército siempre estará constituido por el sentido común de la sociedad civil. Podrán desviar al pueblo un momento, pero no para siempre. Las personas son los únicos censores de quienes les gobiernan: e incluso sus errores (los del pueblo) servirán para mantenerlos (a los gobernantes) dentro de los verdaderos principios de su institución (democracia formal). Castigar estos errores con demasiada severidad sería suprimir la única salvaguardia de la libertad pública. La manera de prevenir estas interposiciones irregulares de la gente es darles información completa de sus asuntos a través del canal de los documentos públicos, y de idear que esos documentos deben penetrar en toda la masa del pueblo. Ya que nuestra forma de gobierno está basada en la opinión pública, nuestro principal objetivo debe ser mantener ese derecho; y si dependiese de mí decidir si deberíamos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no vacilaría un instante en preferir lo último. Pero debo decir que todo hombre debe recibir esos papeles y ser capaz de leerlos”. Thomas Jefferson (1)

Cuando Jefferson en 1789 concluye que si tuviese que elegir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno elegiría la segunda opción, no enuncia este principio de forma baladí. Claro está, que dicha máxima se sustenta en solidas bases democráticas, la honestidad hacia el pueblo y el del más puro patriotismo. Su discurso se fundamenta en que es el pueblo quien debe reafirmar o revocar al político, y si el pueblo se equivoca este hecho incluso reafirma el sistema de la democracia. Para que el pueblo no se equivoque a la hora de tomar decisiones debe recibir por, parte de los medios de comunicación la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Si las premisas son buenas el pueblo empleará el mayor de los sentidos comunes al tomar todo tipo de decisiones en caso de consultas, juzgar o elegir a sus representantes, o echarlos en caso de deslealtad hacia el pueblo.

Pero si la información ha de llegar a todos los rincones y hasta el último ciudadano de forma veraz y entera es el momento de hacer entrar las inteligentes observaciones de Tocqueville en su Democracia en América, cuando manifestaba su asombro de que el gobierno de EE UU fijaba mucho su atención cuando observó que las comunidades americanas, por pequeñas que fuesen, tenían su escuela; y la importancia dada a que todos los niños aprendiesen a leer y escribir y recibir una enseñanza pública a costa de los presupuestos del Estado. En cambio, la enseñanza superior ya debía ser pagada por los propios ciudadanos, si querían recibirla. Efectivamente, los periódicos ha de llegar a todos, pero todos ciudadano norteamericano debía saber leer y escribir con

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