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Moneda de Augusto y Tarpeya aplastada por escudos fuente

Cuentan las antiguas crónicas de la historia de Roma cómo, cuando en las guerras contra los etruscos, los Sabinos asediaron el monte Capitolino. Los valientes y aguerridos romanos se dispusieron a defender la plaza hasta la última gota de sangre. Aún siendo los romanos inferiores en número, los Sabinos eran conocedores de la fiereza de sus enemigos y de las dificultades que habrían de superar para conquistarlos. Por lo tanto, como en la guerra y el amor, según dicen, todo vale, urdieron un astuto plan para apoderarse de la fortaleza. Contactaron con la hija de un jefe romano, la bella y joven Tarpeya. Con hermosas joyas la convencieron para traicionar a sus compatriotas, y una oscura noche Tarpeya les franqueó las puertas de la ciudad.

Cuando entraron en el monte Capitolino, aún cuando los sabinos podían haberse valido de la traición no desconocían el verdadero carácter de los traidores. Así que rodearon a Tarpeya con sus escudos y la ejecutaron aplastándola. Desde entonces los romanos despeñaron a los traidores desde la roca Tarpeya.

Como todos los mitos y leyendas antiguas, esta historia nos ofrece una deliciosa moraleja. El destino que les espera a quienes traicionan a la patria. Cuando en una sociedad se han perdido los valores morales triunfan las Tarpeyas. Así, se les subvenciona aunque quieran destruir España, se les aclama como héroes aunque hayan asesinado, se les ensalza como salvadores del pueblo aunque quieran esclavizarlo; pero los traidores desconocen su verdadero destino fatal.

Podrán gozar de las mieles de su infame traición, pero solo hasta que los enemigos a quienes ayudaron llegasen a conseguir sus objetivos. Ante el triunfo de los enemigos, los traidores serían los primeros en ser aplastados, como Tarpeya, por los escudos que ellos ensalzaron porque los invasores conocen la verdadera naturaleza de los traidores. Así que los charnegos que se pliegan a las exigencias de sus amos de extrema derecha, ciertas ONG que se dedican a la discriminación positiva; ciertos asistentes sociales y funcionarios que hacen lo propio. Políticos de medio pelo que hacen lo mismo navegando todos al viento de la corrección política y del “buenismo” aplicaos el cuento del final que aguarda a los traidores. Aplíquese también el cuento esa izquierda radical en connivencia con el islamismo radicalizado anteponiéndolo a sus propios compatriotas.