Una de las cosas más graciosas que suceden hoy es ver como niños de 18 y 20 años te corrigen y te dan lecciones de vida y de historia. Pero no de historia de hace veinte siglos, te dan lecciones de historia de tu propia historia, de la historia que muchos hemos incluso vivido. Cuando les haces ver esa circunstancia, tan a tener en cuenta, te vuelven a corregir e intentan re-inventar tu propia historia diciéndote como deberías haberla vivido, ellos que todo lo saben.
Recuerdo una de las frases que más me repetían mis padres cuando intentaba intervenir en una conversación de adultos era: “Tú a oír, ver y callar”. Y ahora me doy cuenta, a pesar de mis enfados de entonces, que era la mejor forma de aprender y que quizás lo único que le faltara a esa frase era una coletilla al final: “Tú a oír, ver, callar y a aprender”. 
Ahora no, ahora esta generación de Google y de no aprender, de buscar todas las respuestas por internet no callan nunca. Son revolucionarios que piensan que todos sus antepasados se equivocaron en sus decisiones y que si hubieran actuado de otra forma, de la que ellos dicen, ahora iría todo mejor. Hablan de revoluciones necesarias y no realizadas nunca, de una guerra que ni vivieron, ni siquiera nosotros, que tenemos casi 30 años más, y todo bajo el prisma de “eres imbécil y te voy a dar una lección”.
Recuerdo que cuando iba al colegio me preguntaba los motivos por los que me enseñaban tantas cosas que no iba a utilizar en mi vida, ahora me doy cuenta de lo necesarias que fueron. Me enseñaron muchas cosas de las que ahora veinteañeros de carrera y másteres varios no tienen ni idea. Me enseñaron, entre otras cosas, a oír, ver, callar y a aprender. Algo de los que estos niños de “lo busco en Google” no tienen idea. Revolucionarios fueron nuestros padres y abuelos que de la nada crearon familias y riqueza. Revolucionarios los bisabuelos y abuelos de esos niñatos de Google de los que, por desgracia para ellos, no han conseguido aprender nada.