Es evidente que todos tenemos que comer, aunque a unos le guste eso en exceso. Es evidente, además, que para ello haya que ganar dinero; aunque a algunos les guste más de la cuenta. Pero lo que es menos evidente es que para conseguir dinero con el que comer haya que olvidarse del más mínimo principio ético y moral. Si partimos de la base de que todo en esta vida es compra y venta, también queda claro que todo en esta vida se basa en el negocio. He dicho todo, no “casi todo” y es una verdadera pena, o más bien un verdadero asco. La política pertenece a ese negocio del que hablaba antes, no se salva, forma parte de él y muy importante, si no la que más.

Esta mañana nos hemos enterado todos de una de esas muchas noticias tristes y trágicas con las que nos sobresaltamos últimamente más a menudo de lo habitual. Una anciana fallece por el incendio provocado por una vela, ya que tenía cortada la luz al no poder pagarla. Esta es la parte más triste de la noticia, pero no es mucho menos triste saber que llevaba dos meses así y que nadie a su alrededor lo sabía. No se lo había confesado a nadie por vergüenza y a todo el mundo le ha pillado por sorpresa. Terrible la cantidad de gente que tiene que haber en una situación similar por España. Es una de esas noticias que impactan y que producen desgarro en el corazón y en el estómago cuando las conoces.

Pero, además de vivir en un país con muchas miserias como esta, tenemos la desgracia de que esté también repleto también de miserables. Hoy pongo dos ejemplos de los muchos que abundan por desgracia en esta, nuestra tierra. Rubén Sánchez, responsable de un engendro subvencionado al que llama FACUA, organización de consumidores. Cito palabras textuales de uno de los tipos con más cara de España: “Gas Natural no habría cortado la luz a la anciana fallecida si el Gobierno no hubiera recurrido al TC la ley catalana”. Todo ello acompañado de un enlace, cómo no, a la página web de su pseudo empresa subvencionada. Es decir, Rubencito “el revolucionario” buscando hacer caja y demagogia barata con las desgracias ajenas. Si hubiera sido su abuela estoy seguro que habría pedido un mínimo de respeto, si a alguien se le ocurriera hacer algo así.

Por otro lado, ¿cómo no? Esa salsa que nunca debe faltar en cualquier plato con el que quieras pillar la Legionella, Pablo Iglesias. Cito literalmente al podemita pijomunista: “Podemos entonces hablar ya de lo importante? Como por ej. de cuándo van a pagar las eléctricas por la muerte de ayer”. Todo ello acompañado de un enlace con la injusta absolución del no castigado, pero igualmente inmoral, Guillermo Zapata.

¿Qué más se puede decir de ellos que no hayan dicho ellos mismos? ¿Que son unos miserables? Miserables, no. Ese es un nivel de calificativo demasiado generoso. Lean y saquen sus conclusiones sobre esta gentuza. Mientras tanto, el bolsillo lleno de subvenciones. Subvenciones que también pagaría esa pobre anciana y de cuya desgracia ahora se aprovecha esta gentuza.

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