Las últimas decisiones de los movimientos feministas son, digamos, curiosas cuando no ridículas. Estamos en una sociedad que tiene, por suerte, prácticamente desterrada la desigualdad. Es más, en algunos casos la desigualdad se ha erradicado practicando la desigualdad a la inversa. Sobre todo con el trato al hombre y su presunción de culpabilidad ante el más mínimo signo de violencia doméstica. El feminismo actual continua en una lucha cómoda. Luchar por esa igualdad en una sociedad donde ya está prácticamente conseguida es algo cómodo y fácil.

Quizás sería más necesario que esos movimientos feministas pusieran su ojo en otras zonas del mundo donde queda absolutamente todo por hacer. Zonas de Asia o Sudamérica, con el aberrante turismo sexual de occidentales en busca de mujeres e incluso de niñas. Y sobre todo el mundo árabe, donde no es que no esté conseguida esa igualdad, es que ni siquiera hay indicios de que pueda conseguirse. Pero eso es incómodo y, sobre todo, peligroso para esa “luchadoras”. Allí las cosas están difíciles y seguro que alguna cara sería partida en caso de que alguna de ellas se atreviera a comenzar allí ese tipo de lucha.

Es más fácil aquí. Se ataca sin contemplaciones al hombre, a la iglesia, al PP o a quien haga falta. No porque toda esa gente persiga a la mujer, si no porque no van a decir nada, no se van a defender. Se utilizan clichés para hacerlo y amparándose en esos clichés saben que lo tienen mucho más fácil. No estarán solas, habrá mucho descerebrado aplaudiendo sus bobadas porque es más fácil creerse un cliché, por muy antiguo que sea, que informarse y correr el riesgo de ser políticamente incorrecto.

Decir que se es feminista, además de rojo y ateo son puntos absolutamente necesarios en la sociedad actual para muchas cosas, pero sobre todo para ser un poco más popular. Después, ¿qué más da si mujeres de las bases de Podemos Madrid acusan a muchos compañeros de abusos y de un machismo exagerado? Eso no interesa investigarlo, porque esa es la parte buena de la manzana. Esa es la parte que lleva el eslogan, aunque los hechos digan por detrás todo lo contrario. El feminismo, y otras muchas cosas de la España actual, vive de eslóganes, aunque los hechos dejen después en vergüenza a muchos de sus “fieles”.

La última, y ridícula, campaña feminista nos ha venido de Twitter con el hashtag #MiVelloMisNormas. Para estas feministas “luchadoras” que una mujer se deje el vello del sobaco es un símbolo de libertad. Que yo sepa nadie obliga a las mujeres a depilarse, lo hacen por estética y, sobre todo, porque quieren. Hacer de una ridiculez como esa una forma de lucha cuando nadie obliga a nadie a hacer eso es otra cosa. Para mi es un claro sentimiento de inferioridad de quien lo hace y una forma de justificarse. Es decir, dan explicaciones de algo que nadie les ha preguntado porque no nos importa nada. Por supuesto que nadie va a criticar que una mujer se deje el vello en el sobaco o donde quiera. Lo que si que vamos a criticar es hacer de esto un motivo de una disputa que no existe. A mi como si cualquiera de estas se convierte en la mujer barbuda, que muchas podrían…si no se depilaran el bigote, claro.