La guerra es esa palabra fatídica que a nadie le gustaría pronunciar nunca. La guerra es muerte, es caos. La guerra es la pobreza infinita y la desesperación. La guerra es la desesperanza y el fin de casi todo. Aunque muchos han escrito sobre la guerra y lo han querido dar un tono poético, la guerra no tiene nada de poético. La guerra parecía algo muy lejano hace bien poco, pero ahora la guerra es algo tan cercano como que está ahí mismo.
A nuestro alrededor mueren miles de personas, miles de hombres, mujeres y niños sin que aparentemente pase nada, parece que nos hemos acostumbrado. Pero no puede ser así, nadie se puede acostumbrar a que muera el de al lado por dos razones principales: la primera, por falta de humanidad. La segunda porque mañana te puede tocar a ti y a los tuyos. Están matando gente inocente a nuestro lado y esto es algo que hay que cortar ya por lo sano, hay que comenzar a defenderse y a atacar a quien nos ataca. Hay que luchar.
Mucho se habla en las teorías de la conspiración sobre estos atentados. Que si son de “falsa bandera”, que si lo que buscan es la incitación al odio contra todo lo relacionado con el musulmán e incluso controlarnos sin límite amparándose en la seguridad. Todo eso está muy bien y yo me puedo creer algunas cosas más que otras, pero aquí hay algo evidente, aquí alguien mata y alguien muere, sea por lo que sea. No voy a valorar quien esté detrás de todo y me importan, ahora, bastante poco los motivos porque no estamos en ese momento. Estamos en en el momento justo de defendernos, a pesar que sea más que probable que no seamos más que meros conejillos de indias. Si, conejillos de indias que mueren.
¿Alguien iría hoy tranquilo al aeropuerto de Madrid, o cualquier gran ciudad europea, a coger un vuelo? Yo por lo menos no, está claro que hoy te puede tocar en cualquier sitio. Mira que es difícil y cuesta pronunciar la palabra de marras, pero yo creo que para definir nuestra situación actual no hay otra, estamos en guerra. Estamos en guerra y no darse cuenta de ello es, a mi modo de ver, no querer ver la realidad.