Resulta muy curiosa la evolución de los tiempos de la llamada dictadura franquista a lo que ahora se hace llamar democracia. Lejos de haber sido una evolución positiva en cuanto a las libertades individuales yo creo que ha sido todo lo contrario, una evolución completamente negativa. Las restricciones que hay ahora, en cuanto a lo que libertades se refiere, son infinitamente superiores a las que había antes. Alguno dirá que no, pues que las analice él, yo no voy a perder el tiempo en hacer algo tan evidente.
De todas esas supuestas evoluciones que ha habido hay algunas, como es el sexo, en las que se ha llegado a un extremo en el que se le da mucha más importancia de la que realmente tiene. Parecemos todos niños intentado ser un poco más osados y ya, no sólo contamos con quien nos acostamos, también contamos cómo y donde. En nuestro ejercicio de esa supuesta libertad nos dejamos por el camino olvidadas la prudencia y la privacidad. Pero todo eso da igual, lo importante es hablar de sexo para decir que me comí siete en lugar de una y, sobre todo, para ir a la moda.
Lo que más me llama la atención en cuanto a la pérdida de libertad se refiere es la censura y la falta de sentido del humor. En cuanto al sexo no hay ni censura, ni auto-censura de ningún tipo. ¿Pero qué me dicen de la censura que hay en el humor? Si cuentas un chiste de maricas eres un homófobo. Si cuentas un chiste de mujeres, eres un machista. Si cuentas un chiste de negros, eres un racista. Si haces un humor eres lo peor porque no es que nadie lo entienda, es que nadie lo quiere entender. Enseguida aparecerá el censor de turno a corregirte.
Con Franco teníamos un censor cada millón de habitantes, nos censuraban los besos en las películas y las tetas. No nos dejaba ver culos, ni actos sexuales, pero vivimos el “baby boom” con lo cual nuestros padres no necesitaban verlo en el cine, porque lo practicaban con bastante fruición. Ahora tenemos un millón de censores por habitante. Se habla mucho de sexo si, pero no el de los cinco sentidos. No el de tocar, sólo el de ver y escuchar. Al tiempo, la práctica del sexo se convertirá en totalmente virtual en un futuro muy cercano. Y el humor también será virtual, porque el humor dejará de existir. Antes de contar un chiste tendremos todos que analizar a qué sectores de la población puede ofender, o a que sector marginal de la sociedad afecta. Bueno, si es al sector de los hombres heterosexuales, los fachas y los cristianos no importa. Esos que traguen con todo.