El otro día mientras iba hacia un bar a tomarme una cañita me crucé con un tipo que iba corriendo, que no haciendo running. No es que me llamen la atención todos los tipos con los que me cruzo que van corriendo cuando yo me voy a tomar una caña, me llamó la atención la equipación del menda. Empecemos con una gorra de marca, no recuerdo si Asics o Reebok. Gafas de sol aerodinámicas también de marca, of course, aunque no recuerdo ahora cual exactamente. Camiseta bien pegada al cuerpo y mallitas de esas cojón prieto, también de marca, que me imagino que serían para adquirir una buena aerodinámica y que el viento no le impidiera desarrollar su velocidad punta al máximo. En las zapatillas ya no me fijé, pero me imagino que no serían unas “Paredes”. Lo que si me llamó la atención fue como una especie de inmensa tablet pegada al brazo y que deduje sería un pulsómetro y un cuenta-Kilómetros.
En fin que el chico en cuestión estaba más preparado para ir a participar a la competición de iron-man a un calurosísimo desierto o a subir el Himalaya al trote que dar dos vueltas a la manzana del barrio. Debe ser muy importante últimamente para hacer cualquier deporte llevar la equipación adecuada, en cuanto a marcas me refiero, puesto que ahora todo el mundo al que veo en cualquier deporte va a la última. Tan es así que los grandes hipermercados de moda deportiva abren a diestro y siniestro. 
Yo he intentado salir a correr varias veces y le encuentro tres problemas serios. El primero es que me canso, es agotador. Escucho a la gente decir cinco minutos de carrera y cinco minutos andando y yo no llego siquiera al minuto uno. El segundo es que me aburro, es un coñazo. Ir corriendo hacia ninguna parte me aburre, además que no le encuentro el sentido. El tercero es que me parece una moda más y una moda más absurda, como la mayoría. La gente corre porque corre el vecino y, principalmente, porque está de moda. En Decathlon están super agradecidos.
No pretendo que la gente que corra se moleste por mi comentario, pero ni siquiera la salud justifica esta moda. Si este chico con el que me crucé corriera por salud no llevaría un cuenta-Kilómetros, pararía cuando se cansara. Lleva ese aparato para contárselo a los amigos porque otro le ha dicho el último día que ha corrido no se cuanto. Parece que en lugar de sentirse mejor la gente pretende ir a las próximas Olimpiadas, y no sólo por la cantidad de Kilómetros que hacen, su equipación sería la envidia del mismísimo campeón del mundo, que seguro que es Keniata.
Ahora si no corres equipado con al menos 500 euros de equipación o no montas en una bicicleta de mil euros (mínimo) o no juegas al padel con unas palas de unos 200 no eres nadie. Hasta para ser sanos somos carne de cañón, no tenemos remedio. Ya me imagino las críticas de los muchos que hacéis ahora lo que absurdamente llamáis running, pero ya os podéis ir cortando un poco. Los excesos se pagan y, a pesar de adelgazar mucho por el sudor, las barbaridades de hacer el bruto en Julio a las cinco de la tarde y a 40º también. Hay muertes fortuitas y accidentes de los que nadie es culpable, pero morir por hacer el gilipollas es sólo culpa del que lo hace.