La línea que nos separa de los ordenadores es cada vez más y más fina. Si bien es cierto que un ordenador tiene una velocidad de cálculo impresionante, una eficiencia energética brutal y una capacidad de memoria soberbia, nosotros no somos menos. Los seres humanos tenemos a nuestro favor la denominada como herramienta más compleja del Universo conocido, nuestro cerebro. Gracias a la insignificante energía necesaria para encender una bombilla, esta maravilla de la naturaleza es capaz de increíbles proezas. Hoy nos vamos a centrar en un aspecto que, si bien en los ordenadores está muy claro como funciona, en nosotros puede representar un fascinante enigma: la memoria.
En primer lugar, veamos que es la memoria: la memoria es el proceso o capacidad de registro de información para su almacenamiento y posterior recuperación en un futuro más o menos cercano. Las ciencias que se encargan del estudio del funcionamiento y comportamiento de la memoria son la psicología cognitiva y la neurología. Así pues, si la definición de memoria nos la brinda la psicología, la neurología nos ubica a la misma, como no podía ser de otra manera, en nuestro cerebro. En concreto, en una zona llamada hipocampo, encargada nada más ni nada menos que del aprendizaje, ahí es nada.
La teoría nos dice que los recuerdos se crean y consolidan a partir de la excitación de sinapsis cerebrales, uniones entre neuronas, y la síntesis de diferentes proteínas. Dependiendo de cuan sintetizado esté un recuerdo, podemos encontrar tres niveles de memoria:
La memoria sensorial. Esta representa el proceso de recuerdo más inmediato, es un poco el equivalente a la memoria caché de un ordenador, vaya. La memoria sensorial es la que registra recuerdos circunstanciales a partir de los sentidos. Dura muy poco tiempo pero su capacidad es ilimitada. Es la primera fase para recordar algo. Los registros sensoriales que almacena son:
Por la vista: icónico (esta información dura 1 segundo)
Por el oído: ecoico (esta información dura 2 segundos)
Por el tacto: háptico
Por el gusto: gustativo
Por el olfato: olfativo
La memoria a corto plazo o MCP. Es el siguiente paso a la memoria sensorial cuando registramos un recuerdo, y almacena unos 7 chunks o elementos de información (a diferencia de la sensorial, esta memoria es limitada) durante unos 20 segundos si no se repasa la información, es por esto que se la llama memoria de trabajo y la podríamos asemejar a la memoria RAM de un PC. Trabaja el razonamiento, la comprensión y la resolución de problemas.
La memoria a largo plazo o MLP. En esta memoria básicamente se registra lo que somos, nuestras experiencias, nuestros recuerdos vividos e información que perdura toda la vida. La capacidad de esta memoria es en teoría, ilimitada, pero según el astrónomo Carl Sagan esta sería capaz de almacenar 10 billones de páginas de enciclopedia, entre 1 y 10 terabytes, impresionante. Se subdivide en memoria declarativa, que almacena hechos, y memoria procedimental, en la que guardamos la información de como tenemos que interactuar con el entorno para que sea un proceso automático. El funcionamiento de la memoria del ser humano es asombroso, quizá no seamos tan diferentes de las máquinas como pensamos. Muchas gracias por leer el artículo y, si te ha gustado, compártelo con tus amigos.

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