Nuestra arquitectura política cuya cimentación es una amalgama de: manipulación, corrupción, engaños programados, prensa, radio y televisión como muñecos de guiñol y que decir de la triste figura del tertuliano de turno. Nos lleva a través de su tele de araña a todo lo largo de la piel de toro. Así llego a en toda su dimensión, la frase echa “el circo de la vida”. Donde a los políticos les ha tocado el papel de payasos, con todo mi respeto hacia los payasos por hacerles cargar con este lastre.

Hemos llegado al punto que ver la televisión u oír la radio suponga un alto espíritu de sacrificio equiparable a llevar un cilicio de metal. Es impresionante el nivel de maleabilidad que consigue el dinero y la posición en el “ser humano”…