Estamos ahora dando vueltas al asunto del nuevo gobierno en España y, la verdad, el nivel es tan sumamente malo que creo que la inmensa mayoría nos conformamos con lo menos malo. Y es que lo único que cambian son las siglas, porque de ideología económica, sobre todo, son todos bastante iguales. Todos, empezando por lo que ha demostrado el PP hasta ahora, defienden una economía socialista de intervencionismo estatal y estado mastodóntico, cuyo mantenimiento se debe priorizar por encima de todo, incluso la familia.

Después todo eso lo camuflan con palabras más o menos bien sonantes, que si democracia, que si estado de derecho o, la denominación estrella, estado del bienestar. No vivimos en un estado del bienestar, no nos equivoquemos, alguien que trabaja medio año para el estado no vive en un estado del bienestar. ¿Alguien ve lógico trabajar media vida para el estado? Analicen la época feudal y busquen las diferencias, probablemente no encuentre ninguna, es absolutamente la misma.

Realmente no estamos trabajando seis meses del año para un estado que nos lo devuelva en un bienestar ni propio ni para nuestros conciudadanos. La primera factura que pagamos todos nosotros con nuestros impuestos son los desmanes de ese estado, lo manirrotos que son y sus continuos robos y meteduras de pata. Una ínfima parte de esa aportación que todos tenemos que hacer al estado de manera obligada nos es repercutida a modo de jubilación o de cualquier otro tipo de “beneficio social”.

Podríamos hacer la prueba alguna vez, que no nos descuenten nada de nuestros ingresos y esos servicios del supuesto estado de bienestar empezáramos a pagarlos nosotros por nuestra cuenta. ¿Por qué iba a hacerlo peor una empresa privada que el estado? La empresa privada busca un beneficio económico al final de año, pero con luz y taquígrafos, el beneficio económico del estado siempre está oculto. Por otro lado en la empresa privada el que roba lo paga, en el estado el que roba es encima protegido por sus colegas.

Nos tienen tan sumamente abducidos que ya estamos incluso convencidos que el estado debe estar por encima hasta de la familia, el famoso papá estado. Por mucho que nos lo pongan delante de los ojos parece que no lo veremos nunca. Por mucho que nos enseñen papeles y nosotros lo veamos en los impuestos directos o indirectos, parece que no nos enteramos. Y ahora, encima, incluso coge más fuerza todavía un partido que quiere hacer un estado todavía mucho más grande. Si es que tenemos lo que nos merecemos, parecemos nuevos.